ARTE Y NARCO

Los artistas y el brillo del oro

Muchos artistas se han dejado seducir por el brillo del oro del narco y han hecho de sus obras meras apologías de esos grupos delictivos. Oportunismo y fascinación frente a la crítica y la denuncia creativa. Ése es el dilema, plantea la autora en este texto.

Paisajes © Lenin Márquez Salazar

La admiración que despierta el narco es resultado de una de las costumbres más arraigadas de la pequeña burguesía mexicana sin ética: admirar el dinero venga de donde venga. En un país donde la pobreza es criminalizada el rico ostentoso es digno de respeto. Entre esa admiración irracional, límbica, ha crecido la leyenda de que existe un “narco arte” y que existe una influencia de la estética del narco en el arte. Es oportuno puntualizar esto. Las costumbres en el vestir y en el hablar, los gustos musicales y decorativos son folklor, no arte. Que un grupo delictivo, especializado en asesinar y vivir en la impunidad cómplice del poder, adopte una parafernalia no significa que eso tenga el más mínimo rastro de acercarse al arte. Son signos que crean, como lo hacen todas las bandas, para identificarse y que van de las paredes grafiteadas para marcar territorios hasta la adoración que comparten en México por los Hummers los políticos en el poder, los empresarios y los narcotraficantes. La estética del narco, que es caracterizada por su desproporcionado lujo que no guarda equilibrios, es una de las razones por las cuales son admirados, porque para nuestra sociedad al final eso significa dinero y poder.

Si el narco es kitsch, qué resulta más kitsch aún: ¿comprar una llanta decorada o un coche forrado con tortillas o hacerse una pistola incrustada con diamantes? ¿Es más ridículo colgar tapetes persas por toda la casa que colgar unos gobelinos con tickets del Superama bordados? El narco es ridículo pero esa ridiculez es endémica en el arte contemporáneo y en la estética social, y comprar una costosa pieza de mal gusto no es terreno donde impere la ley del más fuerte, sino uno donde impera la ostentación del más pretencioso. Las pinturas y los objetos de Damien Hirst que llegaron a México están aquí porque no va a faltar un millonario o una directora de museo sin la más remota idea de que Hirst es considerado un artista altamente mediocre y sus piezas objetos de lujo para compradores sin cultura, y que van a adquirirlas alardeando que están comprando arte. Con esa falta de visión artística nos dejamos timar por el arte que se supone habla del tema del narco y lo incorpora a su lenguaje. Ante la degradante situación de nuestra sociedad, ante la vergonzosa imagen que tenemos en el mundo como un país de miles de asesinatos impunes y donde morir violentamente convierte a la víctima en criminal, el arte contemporáneo no denuncia, sino que apologiza y ridiculiza los hechos.

Tibor en hoja de oro de Eduardo Sarabia

Teresa Margolles, De qué otra cosa podríamos hablar

Las obras de Teresa Margolles, que funcionan como propaganda del narco, son increíbles farsas que existen sólo porque la mayoría está dispuesta a creer, no a pensar. Las bancas realizadas con “agua con la que lavaron el cadáver de una niña asesinada en Ciudad Juárez” son una mentira flagrante pues los cadáveres no reciben baños en tina, el agua circula por el piso, los lavan con mangueras, es imposible recolectarla; o las obras que nos pusieron en ridículo en la Bienal de Venecia explotan el amarillismo de un tema y hacen de una mentira el material del arte. El arte es recreación, no farsa; si algo se supone testimonial no pueden inventar el origen de los materiales para despertar el morbo de las personas y hacerles creer que es arte porque alguien explota sus filias y las exhibe amparada por las instituciones. Con la misma impunidad con que delinque el narco estos artistas mienten, y ése es su triunfo. Así como el narco explota el exhibicionismo y la crueldad de sus acciones para acrecentar su mito entre la población, para medir su fuerza con el Estado siempre vencido, estas obras se muestran descaradas ante la nula inteligencia de nuestras instituciones culturales. La denuncia de los delitos, la indignación de vivir en una sociedad sin control ni ley es tema del arte cuando la recreación está realizada con un afán testimonial y crítico, como La Última Cena de Gustavo Monroy o los Paisajes de Lenin Márquez Salazar. El arte no puede ser inmune a la violencia del narcotráfico, pero lo que vemos es que algunos artistas participan de su propaganda, hacen de su lenguaje la obra misma y explotan la excitación del momento para pretender que realizan arte. Los tibores en hoja de oro de Eduardo Sarabia reducen a chistorete una estética que con su ostentación dice “estoy aquí y no pueden conmigo”; eso no es denuncia, es oportunismo, apología. Hacerse de estos símbolos es una salida fácil con la que el artista se sube al carro de la fama y de la propaganda del narco para pretender que es actual y crítico en su tema. El arte se ha quedado corto ante la podredumbre, lo que representan no se acerca ni de lejos a la gravedad de los hechos, porque también los ciega la admiración, porque finalmente para ellos la impunidad, el poder y el dinero son valores rescatables y la violencia o el mal gusto son la parte visible que también ellos han explotado para llamar la atención. Si la lucha contra el narco fue un movimiento político de legitimación, la explotación de su estética o sus crímenes se ha convertido en un proceso de legitimación de artistas sin valor. ®

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Publicado en: Arte, Mayo 2010

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  1. mñeee y de donde sacas que Hirst o cualquier otro es mediocre o bueno, que te da valor, de donde sacas que algo es de mal gusto o que alguien tiene mal gusto, noticias: la gente tiene gustos distintos, quieres que otros sigan tus tendencias? es como si quisieras que siguieran una moda definida por ti, que flojera, sería una falta de criterio si dejara que alguien más me dijera que me debe de gustar o que una cosa es de buen gusto y otra no, lo que me gusta me gusta, así sea corriente o no lo consideres arte o no, lo que digas, siempre habrá alguien tan libre que a pesar de tu trayectoria, tu trabajo y tus palabras le valga un carajo tu opinión, variedad es la palabra y cada quien sus preferencias

  2. je je

    A mi me cae rete bien Tere Margolles, y me parece que desde las fotos hasta sus montajes, es buena sea como propuesta… o como venderdora es guena no?
    o como sea, se dedica mucho a sacarle provecho a sus «indagaciones»… si yo fuera artistosta como ellos…. creo que de vez … si confesaria que se me ah ido un poco la mano… pero bueno bueno….

    que mas da… no hay parental etical-advisory en esto o si?

    je

    a mi me gusta que desde aqui, des tus guias para saber algo mas y cometar..

    pdt..

    CON TANTAS COSAS DEL ARTE Y SU FALSEDAD, ME HAN DADO ENORMES GANAS DE SER ARTISTA gracias !!!

    ___________________
    saludos ese Roger!!!!

    un dia ire a vistarte a guadalajarra!!!

    muera mexico!

  3. RICHAGAINST

    Ahora sí que como dice el Santos: ¡Juar Juar Juar Juar!

    No había tenido oportunidad de leer todos los comentarios, la mayoría en contra de mi persona, y he de decir que me siento sumamente halagado -aunque algunos de éstos, a mi juicio, resultan demasiado serios, almidonados, por no decir resentidos, carentes de elegancia y comicidad. Hasta para provocar, señores, hay que tener cierto estilo.

    Por cierto, tampoco había escuchado la entrevista del master Roger Villarreal en Resonante. Si bien no soy partidario de la obra de Gabriel Orozco, me parece que, con el debido respeto que me merece el editor de esta publicación digital, descalificar a un artista basado en que es el favorito de Sari Bermudez o de cualquier otro político en el poder, no es una razón de peso para desdeñar su obra. El pintor favorito de Hitler era Johannes Veermer y era un ferviente entusiasta de la pintura holandesa barroca, así como de las óperas de Richard Wagner. ¿Acaso desmerece la calidad de las piezas o de los artistas el hecho de que hayan sido admiradas por el dictador nazi?

    No me lo parece, como de igual manera, no podemos criticar la obra de un artista basado en la premisa de que son objeto de devoción o admiración, o porque son compradas en millones de dólares. Ese es otro problema y tiene que ver más con la fetichización del autor y objeto artistico, dinero-deseo-fetiche=mercancía, y con la estructura misma del mercado.

    En otras palabras, entre la aseveración de ciertas tesis y afirmaciones tan fuertes, tales como que la obra de ciertos artistas refleja un «arte farsante, arte basura, arte narco, arte al servicio del poder, arte=mierda», y las premisas o propocisiones que las fundamentan debe mediar un ejercicio reflexivo mucho más amplio enfocado en la propia pieza. Una mejor argumentación, verdaderamente crítica, para decirlo pronto.

    Y ni hablar de la hilarante y absurda afirmación, que según Avelina y compañía, son los propios curadores, artistas, museos, galerías y hasta críticos, estudiantes y consumidores de arte (con sus choros y teorías mareadoras) los responsables de haber montado una especie de «conjura» en contra del «Verdadero y Gran Arte».

    Recordemos que el artista y su obra, y no diré quién ni en qué libro viene para evitar el encono de los lectores que detestan las recomendaciones de libros que «El hecho de que el artista pertenezca a un grupo privilegiado no niega ni la verdad ni la categoría de su obra…El criterio para juzgar el carácter progresista del arte se encuentra únicamente en la propia obra entendida como un todo: en aquello que expresa y en la manera de hacerlo».

    Recomiendo pues tener una actitud más abierta y responsable, para concentrarse en la multitud de posibilidades y sentidos que una obra puede o no generar y dejar de lado las descalificaciones basadas en prejuicios.

    Un saludo a todos los amargosos de por aquí.

  4. En la creación (voy a intercambiar la palabra para no utilizar «arte») no existe tanta palabrería. El proceso de sublimación es exclusivo de cada individuo, de cada artista. O por lo menos así debería de ser. ¿Cuál es su tarea? Simplemente valerse de una percepción extraordinaria y técnica suficiente para, con mucha creatividad y oficio, reflejar. Simplemente eso. Las particularidades que se generan, que son tantas y tan diversas, (tanto en su propósito como en su devenir) deberían de estar sujetas a un juicio simple de «lo tomo», «lo dejo». Creo que las descalificaciones o apologías no tienen ya que ver mucho con el artista o la pieza en sí, sino con una retórica lista para ser desenfundada a la menor provocación. Pero esa es otra historia.

    Soy de la firme idea de que si una obra no se puede defender o comunicar por sí misma, ningún discurso, ya sea de parte del creador, del crítico o de quien sea, puede hacerlo. Es muy complicado tener un diálogo entre lo visual y lo escrito, es un diálogo condenado al fracaso y al entendimiento nulo. Un diálogo que, además, para seguir complicando las cosas, no debe dejar de tenerse, pero siempre hay que ser conscientes de su limitante.

    Esa es la percepción de una persona que se dedica solamente a crear.

  5. El comentario de RICH es un verdadero monumento a la logica bajo la cual se mueve todo el «arte contemporaneo», y su bibliografia es increiblemente exacta en apuntalar la idea que a todas luces es la siguiente: la tapa de yogurth en la pared que menciona Fernando Castillo es arte, por que yo soy capaz de citar (aunque sea tan inconexamente) mas autores que tu, ergo, soy muy capaz de justificar la presencia exclusiva de digamos 2 cajas de carton rotas en una galeria de 100 m2, digamos en Polanco, y llamarla algo asi como «Meditaciones contemporaneas en torno a una dialectica transgesora: el carton como reflexion del devenir suicida de las sociedades urbanas». Ah eso si, con 5 cuartillas de interpretacion del curador.

    Me cae bien Avelina, tiene sus bemoles por supuesto.

  6. luis blanchard

    He leido las desopilantes declaraciones de Rich .
    Soy un artista argentino de 60 años .Desde hace 30 o más vengo trabajando en mi taller , y exponiendo por este mundo. Es decir, en donde este sistema permite hacerlo sin trabas a quien practique una
    pintura de carácter personal y no alineada con lo usual .Es decir, en escasos lugares…
    Mis ex- compañeros de la escuela de bellas artes me detestan. Claro, ellos, al igual que Rich, enseñan «qué es arte, y la bibliografia para saberlo» .Engendran polluelos creativos, basiliscos que , tras recibir el ansiado diploma, harán su primera «performance», distribuyendo excrementos con una churrera sobre un cartón .
    En cambio , yo simplemente pinto .Como lo hicieran en otro tiempo Brueghel, Van Gogh o el Bosco . Sin pontificar, sin retórica.
    Sin citas bibliográficas.
    La labor de Avelina Lesper me parece sincera y correcta , contiene demasiadas verdades- (quisieramos que las cosas no fueran así )
    Del otro lado está la fauna de curadores, directores de museos y centros culturales, los nuevos dictadores del Arte-moda .
    En realidad, desde que el conde de Nieuwerkerke (Director de la Academia) prohibiera exponer a los impresionistas «..porque son gente sucia, impresentable y que no se baña…» , la cosa no ha cambiado mucho .
    La actualidad está repleta de condes , y de Riches….

  7. El problema de muchos es que se creen que mencionar algo ya supone que los demás entenderán lo mismo que ellos. Lo hacen los conceptuales, citando los narcos, los nazis o cualquier otra cosa criticable. Creen que la propia cita ya basta para indicar repulsa. Pero no, los sentimientos del público no se doblegan a voluntad tan sólo con la simple cita. Hace falta conocer el lenguaje del arte y saber utilizarlo para provocar algo en el público.

    Lo mismo ocurre con muchos que dicen ser entendidos en arte, o con los críticos defensores a ultranza del conceptualismo. Creen que la cita de tal o cual autor basta para que los demás entiendan un mismo mensaje, exactamente lo mismo que ellos han entendido al leerlos. Por ejemplo el dichoso cambio de paradigma.

    Resulta que ante la información que se recibe, algunos entienden sólo un mensaje, el mismo que a ellos les han repetido, y acaban creyendo en su veracidad tan sólo por la repetición, la letanía constante. Los conceptuales, «artistas» o «críticos», necesitan esa infalibilidad del mensaje. Un mensaje que se ha aposentado en su mente y ya resulta inamovible. Ni todos los libros del mundo consiguen ya hacerles mella, porque jamás verán nada que rompa el monolito de su creencia, que han ido cincelando en su mente a base de escuchar y repetir constantemente la misma letanía: «cambio de paradigma», «cambio de paradigma»…

    A mí me recuerdan a los chavales de las madrasas talibanes, analfabetos en cuanto a todos los libros que no son el Corán, pero que a base de repetir una y otra vez sus versos acaban grabando de forma indeleble en sus cerebros.

    Yo prefiero siempre a los que piensan por sí mismos. Que no sólo leen mucho, sino que sacan partido a lo que leen, ven las diferencias, sutilezas, lo que contradice a un pensamiento monolítico o intenta formarlo, y están siempre atentos a los dogmatismos que se deslizan incluso en los libros de los sabios. El pensamiento crítico es plural, es libre y se articula por sí mismo, sin depender de las citas a libros. Por supuesto se pueden hacer, pero la diferencia entre Avelina y el citador compulsivo que ha pasado por aquí, es que a Avelina no le hace falta recurrir a las autoridades para razonar. El citador compulsivo no razona, repite los versos del Corán conceptual, y se apoya en autores que en muchos casos o no han apoyado el conceptualismo directamente o simplemente resulta anacrónico su misma cita (¿Aristóteles!). A Aristóteles, por ejemplo, se le puede citar como apoyo o como crítica contra el conceptualismo, el cubismo o lo que nos dé la gana, porque no ha escrito sobre estos temas. Y supongo que Avelina habrá leído eso y más, al fin y al cabo hablamos de una crítica con estudios.

    Pero es que ni hace falta andarse con estas ramas. El sentido común ya hace rechazar algunas cosas por absurdas. Por ejemplo, el famoso «cambio de paradigma». Es una simple creencia, y como tal cuestión de fe. La realidad contradice esta creencia a cada paso, desde el éxito de las exposiciones de autores clásicos en grandes museos, al olvido de los nuevos lenguajes estilísticos «modernos» según van naciendo. Lenguajes como el cubismo, la pintura abstracta, etc, en los que autores de mediados del siglo XX ponían toda su fe, pensando que en el futuro serían entendidos con la misma naturalidad que el impresionismo en su época… siguen provocando el mismo rechazo que en su tiempo. Todo ese cuerpo de creencia alborozada en el cambio de paradigma se ha demostrado falsa, y que la hayan defendido sabios no quiere decir que la creencia se convierta en ciencia. Hay científicos -no muchos- católicos. Pero eso no convierte al catolicismo en algo científico.

  8. Interesnte crítica Avelina.

    Desde otro punto de vista la estetica Kistch de los narcotraficantes aqui (España) viene asociada al mal gusto, a la gente de clase baja sin cultura.

    Siempre ha habido «pseudo-artistas» que se han aprovechado de cualquier cosa, situación, para vender o venderse, el dinero a cualquier precio, desde los colaboracionistas del caido bloque sovietico a lo que uno se imagine.

    El tema de los narcotraficantes del asesinato del dolor y la tragedia que estos personajes dispensan es hartamente preocupante, que un pueblo los admire, por esa ostentacion todavia más.

    Enfatizar el nazismo, los campos de exterminio, los narcos y demás lacras de la humanidad, dice quien es quien a través de «su obra» (lo llamo así porque aun estamos por inventar un nombre que defina la estupidez congenita del mal llamado arte conceptual)

  9. Lo interesante e importante en el arte es precisamente la libertad de cada ejecutor de elaborar sobre algún tema y hacer arte o no arte con ello.
    Y observo que si algunos artistas de los que se mencionan aqui hacen apologías y otros critica de la cultura del Narco no se tendrían que descartar de facto lo uno o lo otro.
    Afortunada o desgraciadamente el arte no esta al servicio de la moral y los diversos análisis formales a los trabajos le darán o no valor a las mismas.

  10. Karla Velasco

    Hola, yo soy de quienes extrañan aún la versión en papel, pero ver este tipo de debates me recuerda que este medio permite extenderlos e incluir la participación directa e inmediata de los lectores, eso compensa con creces la ausencia de edición impresa.

    Muchas felicidades por esta apertura y por propiciar el diálogo.

    Karla V.

  11. Esteban Rey

    Ah qué Refresco. El «altanerismo y claro tono retador» está en el post al que respondo, ¿o no es esa la intención de poner una bibliografía abundantísima bajo la consigna de «léala y luego hable», asumiendo de facto que la autora es una ignorante que bajo ninguna circunstancia debería opinar? Nadie en su sano juicio cuestionaría a una crítica documentada. Creo que Avelina Lésper lo es y lo demuestra al escribir con bastante solvencia analítica. Es firme en sus opiniones sin necesidad de jactarse de todas y cada una de sus lecturas. Que no cite no significa que no sepa. Su trayectoria es elocuente. Pero si fue más que obvia la intención de bocabajearla, a lo que reaccioné porque me parece increíblemente idiota (perdón por la palabrita «de mal gusto» pero no encuentro otra para definir un acto que implica, con arrogancia insolente) descalificar su contundente opinión sobre algo que sin duda no es arte pero que, sí, funciona como sociología del momento y del mal gusto que no sé por qué debería celebrarse o asignársele un valor nomás por la temática. Precisamente se le ataca a Avelina Lésper por expresar esto con «descalificaciones» que «sólo dan cuenta del complejo de inferioridad victimista que recurrentemente adopta nuestra cultura», síntoma que está en el post cuya primer línea es: «Como es costumbre en los panfletos pseudocríticos de Avelina Lésper». O sea, que por hacer ella su trabajo se le pretende negar su derecho a opinar, y a dejarla sin posibilidad de debate recurriendo a un… altanero tono retador. Ni más ni menos eso cuestioné.

  12. Richy, no te intimides, no estás solo. Aunque todos los comentarios te ridiculizen por poner una bibliografía en orden alfabético, aunque se burlen de tu pedestre argumento de «si no te gusta, no entiendes», aunque te consideran un ser despreciable por tratar de acallar la crítica, repito: ¡NO ESTÁS SOLO! Detrás de tí está la fuerza del Estado, están todos los museos de arte contemporáneo de méxico y el Mundo, todos los curadores y críticos complacientes, todos los movimientos ultraconservadores que le temen a la inteligencia, todos los dogmatismos y sistemas de dominio que se ven amenazados por el pensamiento independiente, toda la enorme masa de artistas contemporáneos, emergentes, performistas, videoastas, escultores auditivos y becarios. Mientras haya alguien como tú, el aparato estará a salvo. En nombre de la burocracia y del presupuesto, te lo agradezco.

  13. Fernando Castillo

    Rich, te ha quedado muy mona tu bibliografía. Indica lo que saben quienes han escrito los libros, no lo que tú sabes. Por otra parte, para ensamblar una bibliografía tan «culta» sólo es necesario preguntárselo a papá Google, que lo hace bastante mejor que tú. (Vamos, es lo que tú has hecho, sólo que metiendo la tijera para «seleccionar» donde te ha salido de las narices, porque el resultado de la búsqueba es de varios millones).
    En la Universidad hay montañas de gente que, como tú, no tienen un crierio propio hacia el Arte, no lo han visto nunca, no saben distinguir un Velázquez bueno de una mala copia, porque la técnica, amigo, hay que estudiarla, y mucho. Su vida (la de estos ratones de biblioteca)se desarrolla entre los libros «cultos» que ellos mismos, su jefes y sus adláteres se han escrito mutuamente con dinero público, riéndose mutuamente las gracietas y los «hallazgos» filosóficos sobre la teoría del Arte. Pero éste, el Arte, mi olerlo, os queda demasiado lejos a vuestras recetas simplistas de la teoría que os empeñais en defender e imponer. Siempre con dinero público y, muchas veces, con agradecimiento a posteriori del dinero privado de los Sotheby’s de turno por defender un artista o un sistema.
    Esteban Rey te pone el dedo en la llaga: una mareante y diarreica disertación post-cultural que se han aprendido de memorieta para manejarse en el cotarro todos aquéllos que nada saben de Arte. Es más, es la verborrea en sí misma la sustituta natural de lo que estos señores entienden por arte (predónenseme las minúsculas). Se tarda bastante más en escribir la perorata justificadora del acto «creativo» que en el simple hecho(«artístico»)de pegar una tapa de yogourth en la pared. Arte. Qué puñetas, Arte, Filosofía, concepción de la vida, compendio pitagórico avanzado, el siglo XXII llamando a la puerta…pero qué facil es decir tonterías sobre una base profundamente estúpida, caballero.
    Creo que viene muy a cuento lo que sobre el tema explica el filósofo Félix de Azúa: «Arte es todo aquello que cuando finaliza o terminas de verlo, tienes la impresión de que “vale la pena vivir”. “Si sales con esa impresión, eso es Arte, si no, es entretenimiento, pero no te ayuda a vivir, simplemente constata la idiotez de la existencia”

  14. Debates como el presente confirman aquél síntoma que H.Yépez detecta al enunciar: «¿Qué hay detrás de este repudio? Una idea romántica del arte, en donde la obra es tomada como reflejo del ser moral del artista. Y que en México la crítica es católica: condena o canoniza.»

    Por otro lado, no quisiera caer en las pretenciones academicas de RICH, que parece cancelar la intervención crítica de todo aquel juicio no fundado en investigación biobliográfica con alta densidad teórica; tampoco considero apropiado el tono del señor Esteban Rey, que parece contrubuir muy poco al debate con su altanerismo y claro tono retador, especialmente me han parecido de muy mal gusto expresiones como: «estudiantito matadote en pleno cursito de Apreciación del Arte Snob», considero que descalificaciones de ese tipo solo dan cuenta del complejo de inferioridad victimista que recurrentemente adopta nuestra cultura al buscar dar testimonio de las múltiples opresiones y desigualdades sociales, es una queja que no valora la importancia de la investigación, de la argumentación fundamentada, de la disciplina y el análisis.

    No hace mucho que conozco el trabajo de la señora Avelina, el cual he podido conocer a través de su blog: http://avelinalesper.blogspot.com/ , pocas veces concuerdo a cabalidad con sus posturas, pues notó en ella una preferencia muy clásica y romántica, inclinada más hacía la representación figurativa, más no por eso cancelo la oportunidad de acercarme a la información que de sus textos se pueda extraer.
    Personalmente el trabajo de Margolles me parece sumamente interesante y complejo, en mi experiencia escolar me ha sido de gran utilidad la exposición de su trabajo para sensibilizar a mis compañeros sobre múltiples temas: desde los nuevos lenguajes y soportes del arte contemporáneo, la dimensión ética y estética de las obras, y sobre todo de nuestra postura como espectadores/actores ante las situaciones de violencia cotidiana en nuestro país.

    Sobre el tema del narcotráfico y las manifestaciones estético-culturales que sucita, recominedo revisar esta nota:
    http://www.lajornadamichoacan.com.mx/2010/04/23/index.php?section=politica&article=004n1pol

  15. Esteban Rey

    Qué rollote tan mareador, lleno de palabritas mamonas y oscuros conceptos por completo manipulados para criticar a la crítica y decirle, ahí nomás, que mejor se calle. Qué fascista despedazar a Avelina Lésper sorrajándole un bloque de bibliografía tan, pero tan pretenciosamente elegida, de estudiantito matadote en pleno cursito de Apreciación del Arte Snob y Sus Valiosas Vertientes Tarado-Modernas, para decirle «yo sé más que tú», vomitando de paso nombres (desde Kant hasta Sloterdjik) para demostrar que el que sabe, sabe. Uy, qué inteligente, qué culto. Cuando lo que dice Avelina Lésper, y lo dice bien, simple y llanamente apunta a que el arte decadente es sólo eso: decadencia al servicio del narco, tema oportunista de una cultura que hipócritamente exalta la violencia y sólo una bola de esnobs celebran como «provocador registro infraestético de lo idiota por abyecto, de lo monstruoso por, en efecto, informe; de lo violento por gratuito, de lo cínico por frívolo, de lo sádico que ya no es perverso pero si cretino, tanto que nunca opera a manera de síntoma del malestar ni del dolor de la época, ni dentro ni fuera de las artes contemporáneas», excepto en la mente vergonzantemente panfletaria de suspirantes a «críticos» que genuflexos babean ante lo que creen novedosísimo e intocable, como sangre derramada y pistolitas con incrustaciones de diamantes. O sea, lo mega naco es mega biutuful y para eso están los 40 títulotes de la bibliografía que, sin duda, justifican cualquier imbecilidad. Genial. Absolutamente genial.

  16. Como es costumbre en los panfletos pseudocríticos de Avelina Lésper, hay mucha indignación y condena moral (más no ética, pues la ética es deliberación y autonomía) y nulo análisis en torno a las piezas.

    En vez de ocupar todos sus bríos en analizar las estrategias, elementos, soportes y registros estéticos, que la obra y el artista articulan, suscita y operan, se contenta con descalificarla de antemano conforme a sus propios códigos, valores y prejuicios ideológico-morales.

    Por otra parte, la señora parece haberse quedado en la época del mito del Arte, es decir, en el siglo XVIII, con la idea de que la praxis estético-artística es y debe ser aquella manifestación que evoca lo bello, lo bueno y lo sublime en el hombre (el punto más alto del espíritu y moralidad de un pueblo, a decir, de Hegel; un arte mimético y representativo, manifestación de lo inefable que produce una satisfacción desinteresada en quien lo contempla, en donde no puede ni debe intervenir juicio moral alguno, puesto que sí lo hace la experiencia artística queda cancelada, a decir de Kant).

    Esto último, el quedarse anacrónicamente instalada en paradigmas estéticos pasados, no resultaría del todo negativo, e inclusive podría ser productivo y revitalizante, si defendería su concepción sobre las artes como lo haría un gran crítico: argumentando y sólo argumentando.

    Por supuesto, no se ha dado cuenta, debido a sus deformaciones ideológicas preconcebidas y a su profundo desconocimiento de los procesos históricos de las artes en Occidente, que lo que caracteriza justamente al «arte supremo» de la Tardo-Modernidad (por ejemplo en las vanguardias de inicio del siglo XX o del así llamado arte conceptual), es justamente la confrontación, disrupción, experimentación y transgresión de todo tipo de paradigmas estéticos-artísticos, ya sea en el orden semántico (como transgresión a los contenidos e imaginarios morales, religiosos o políticos) o sintáctico/formal (como agresión hacia ciertos hábitos perceptivos y códigos visuales preestablecidos, como sucede por ejemplo con el cubismo frente a la pintura representativa).

    Por supuesto, esa confrontación, esa transgresión e insolencia crítica, esa embriaguez cínica que opera en las artes, a decir de Peter Sloterdjik, está dirigida fundamentalmente a escandalizar y convulsionar la moral anquilosada y conservadora de los necios de la cultura, como es el caso de Avelina Lésper.

    Recomiendo a la gran «crítica de arte» que explore un poco acerca de cómo los registros estéticos de lo grotesco y lo abyecto, de lo monstruoso y lo informe, de lo violento y lo pornográfico, de lo cínico y lo frívolo, de lo sádico y lo perverso, operan a manera de «cura del malestar del dolor epocal» dentro de las artes contemporáneas.

    Por respeto a los lectores sugiero entonces que antes de volver a escribir cualquier cuestión referente al arte, la Señora Lésper consulte la siguiente bibliografía mínima que a continuación tecleo en orden alfabético:

    Acha, Juan (2001) Introducción a la teoría de los diseños. Trillas. México.

    Adorno, Theodor, W. (2004) Obra completa, Vol. 7. Teoría estética. Akal. Madrid.

    Aristóteles (2001) Poética. Biblioteca Nueva. Madrid.

    Barrios, José Luís. (2010) El cuerpo disuelto, lo colosal y lo monstruoso. Universidad Iberoamericana. México.

    Baudrillard, Jean. (1991) La transparencia del mal. Anagrama. Barcelona.

    Benjamin, Walter. (2003) La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Ítaca. México.

    Benitez Dueñas, Issa María et al. (2004) Hacia otra historia del arte en México. Disolvencias (1960-2000). Tomo IV CURARE. CONACULTA. México.

    Boccioni, Umberto. (2004) Estética y arte futurista. Acantilado. Barcelona.

    Bordieu, Pierre. (2002) La distinción. Criterio y bases sociales del gusto. Taurus. México

    Cortés, José Miguel. (1970) Orden y caos. Un estudio cultural sobre lo monstruoso en el arte. Anagrama. Barcelona.

    Danto C. Arthur. (1999) Después del fin del arte, el arte contemporáneo y el linde de l a historia. Paidós. Barcelona.

    Debray, Regís. (2002) Vida y muerte de la imagen: Historia de la mirada en occidente. Paidós. Barcelona.

    Deleuze Gilles. (2005) Francis Bacon: Lógica de la sensación. Paidós. Bueno Aíres.

    Deleuze Gilles. (1996) Spinoza y el problema de la expresión . Muchnik. Barcelona.

    Didi-Huberman, Georges. (2004) Imágenes pese a todo. Memoria visual del Holocausto. Paidós. Barcelona.

    Duve, Thierry. (1996) Kant after Duchamp. MIT Press. Massachusetts.

    Foster, Hals. (2004) Diseño y delito. Y otras diatribas. Akal. Madrid.

    Goldberg, Roselee. (1979) Performance Art, from futurism to the present. Thames & Hudson Word of Art. UK.

    Guasch, Ana María. (2000) El arte último del siglo XX. Alianza. Madrid.

    Gubern, Roman. (2004) Patologías de la imagen. Anagrama. Barcelona.

    Heidegger, Martin. (1995) Caminos de Bosque. Alianza. Madrid.

    Hegel, G. F. W. (2008) Estética I. Losada. Buenos Aíres.

    Hegel, G. F. W. (2009) Enciclopedia de las ciencias filosóficas. Alianza. Madrid.

    Jauss, Hans Robert. (1980) Experiencia estética y hermeneútica literaria, Madrid, Taurus, 1980.

    Kant, Immanuel. (2007) Crítica del discernimiento. Visor Libros. Madrid.

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  17. Gilberto Ochoa

    En Replicante algo huele muy mal, me parece que de un tiempo solo critican sin ton ni son, para «hacerse los interesantes» y transgresores, una verdadera pena.

  18. Entonces, sólo el arte que encara el tema del narco de forma completamente denotativa y figurativa, por no decir obvia, lo denuncia? Aquel que construye símbolos y narraciones, según usted, miente y hace apologías? Me parece que el coraje e impotencia que debería estar enfocando al siempre vencido Estado está siendo inútil y erróneamente enfocado a los artistas.

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