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LOS MUTANTES YA ESTAMOS AQUÍ
Los bárbaros, de Alessandro Baricco


Por Pablo Santiago*


¿Qué tienen que ver el vino, el futbol, los libros y la música clásica con la pérdida del alma? El italiano Baricco lanza en Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación (Anagrama, 2008) intuiciones e hipótesis sobre lo que está ocurriendo en la sociedad occidental actual que no podemos dejar pasar de largo.

Quizás la tesis que más me ha marcado es la que sostiene que las generaciones actuales —desde la X de los esclavos de Microsoft, acuñada por Coupland, hasta la actual Yo-yo, que diría Heriberto Yépez, aunque en Galicia Diego Ameixeiras le llama la del post-fracaso— se dedican a surfear sobre la superficie de la cultura (sí, son, somos superficiales) porque han asumido que profundizar en ella no compensa. Las generaciones que más ahondaron en el espíritu humano tuvieron como colofón las dos guerras más cruentas de la historia y los más destructivos “ismos” (estalinismo, fascismo, nazismo, maoísmo, por poner unos bien identificables). Ahí es donde introduce Baricco la historia de la música clásica (¡cuesta tanto formarse para apreciar debidamente una ópera!); la cultura de las bodegas europeas frente al vino espectacular de Hollywood; el futbol cuando aún no era mero espectáculo y los libros que han dejado de serlo para constituirse en secuencias de paso de otros formatos. Estas “aldeas”, señala él, han sido saqueadas por los bárbaros, que sólo buscan en ellas sistemas de paso para otras experiencias, para adquirir “el saber que importa, el que es capaz de entrar en secuencia con todos los demás saberes”.

En una referencia a Walter Benjamin —del que Baricco se declara solapadamente heredero en el sentido en que dedicó su vida a analizar hacia dónde caminaba la humanidad, a ser un cazador de tendencias de conocimiento— se explica que los mutantes ya no conciben ni contemplan el aburrimiento, aquel que Benjamin tildó como “el pájaro encantado que incuba el huevo de la experiencia”. El tedio ha quedado sustituido por el surfing en Internet y el multitasking, que son las principales formas de adquirir experiencia. Una experiencia superficial, nada vasta pero que basta, que compensa a los bárbaros.

La pérdida del alma de las generaciones actuales las fundamenta este ensayista en dos cuadros de dos figuras históricas: Bertin —un Randolph Hearst europeo, pintura de 1830— y en Riviére, un funcionario público, cuadro de 1805. Bertin como perfeccionador del alma y la espiritualidad romántica, que aún defendemos los civilizados, y Rivière como defensor de la nobleza intelectual y la superioridad espiritual.

Las características que definen, según este ensayo, a los mutantes son la espectacularidad (“al bárbaro el esfuerzo le importa un comino porque ya no es un valor [...] La espectacularidad es una mezcla de fluidez, de velocidad, de síntesis, de técnica que genera una aceleración. Da energía, no la consume... El bárbaro piensa menos, pero piensa en redes indudablemente más extensas”); la nostalgia (por la civilización que sabe que perdió o que lo eclipsó); las secuencias sintéticas (lugares donde encontrar todo, donde hacer multitasking rápido, desde Pulp Fiction a Ikea, Disneylandia, FNAC o incluso el Louvre, lugar donde ver en unas horas buena parte del mejor arte de todos los tiempos); el pasado como vertedero de ruinas, como material de derribo con el que construir nuevos sistemas de paso; la democracia como técnica que se mueve sin sentido, celebrándose a sí misma, libre de los principios morales que la fundaron y que puede ser exportada con la guerra y lo auténtico no como lo real, sino como aquello que genera gran cantidad de movimiento en el tejido mental del público (periodismo moderno, verbigracia). Hay más, pero tendrán que leerlas, para averiguar cómo Baricco explica el concepto “hamburguesa” —lo que importa no es la carne, sino lo que lleva al lado, como pasa ahora con los periódicos, que los llevamos a casa no por lo que dicen, sino por lo que regalan adjunto— y cómo termina en la Gran Muralla china, la frontera en su día para bárbaros que nadie pudo detener.

“Somos mutantes, todos, algunos más evolucionados, otros menos: hay quien está un poco retrasado, hay quien no se ha dado cuenta de nada, quien todo lo hace por instinto y quien es consciente, quien hace como que no lo sabe y quien nunca lo va a comprender, quien clava los pies en el suelo y quien corre alocadamente hacia delante. Pero ya estamos ahí, todos nosotros, a punto de emigrar hacia el agua”, termina Baricco en su ensayo mutante, escrito primero en un periódico, por entregas, que terminó siendo este libro. Un híbrido, que diría Yépez, cada día más duro con los mutantes.



Pablo Santiago
aliciaoscura@yahoo.es
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