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Para los que vivimos en Tlatelolco
son alucinantes las fotografías fijas
que, a manera de introducción, presenta
Alexsis Zabé de una decadente unidad
habitacional que contrasta con el divertido
y absurdo bossa nova O Pato, el
cual anticipa la atmósfera que permea
la trama de Temporada de patos: dos adolescentes
(Flama y Moko) en un domingo de ocio y comida
chatarra interrumpido por una vecina deseosa
de compañía y un repartidor de
pizzas sin perspectivas.
El imaginario de los cuatro chavos está
en el limbo y, sin luz eléctrica, se
diluye todo lo que el mundo tecnologizado ha
estructurado como divertido. Por un instante,
un paisaje al óleo en el que un pato
vuela sobre un lago se convertirá en
el centro de atención. El primer largometraje
de Fernando Eimbcke es un relato soft y minimal
sobre la intimidad de un cuarteto de solitarios
en un mundo de rivalidades, quienes encontrarán
su momento de gloria, como los Beatles y los
patos, en un vuelo a contrapicada.
Los vínculos entre el espectador y el
filme se establecen a partir del contexto social
del trasfondo: familias disgregadas, sobreprotecciones
inconclusas, adolescentes taciturnos y confundidos;
una crisis que afecta sobre todo a aquellos
que no pueden crear sus propios lineamientos
y normas de vida. La solución que plantean
Eimbcke y Paula Marcovitch, coguionista, está
en la convivencia. El autoconocimiento y la
interacción con los otros son las claves
para que la comedia tome un curso natural hacia
un tema revelador.
Temporada de patos es una comedia sentimental
que, para su propia fortuna, trasciende los
caprichos posmodernos del consumo inmediato
en los que encuentra su cimiento; su principal
acierto está en la distensión
del inestable panorama en el que vivimos. Carece
de artilugios experimentales pero preserva un
profundo respeto por el lenguaje cinematográfico,
lo que le confiere solidez y soltura. La precisa
dirección escénica es evidente
al permanecer dentro de una locación,
un departamento del edificio Niños Héroes
(metáfora que prefigura el crecimiento
de estos niños solitarios), complementada
por una técnica que da fluidez a la narrativa;
con una cortina de referencias intertextuales
propia de la cultura de masas y los simbolismos
de todos conocidos, que propician una alegre
aceptación.
La ópera prima más relevante del
2004, después de participar en los festivales
de cine de Guadalajara, Morelia y Cannes y salir
bien librada. Una película iniciática
para un público joven, en el literal
sentido del término.

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® 2005 Derechos Reservados. REPLICANTE es una publicación de RGRV S.A. de C.V.
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| Ely
Guerra: "Me gusta que haya un personaje como
Marcos, al pendiente de nuestros indigenas..."
Como dice el machista pero sabio consejo: Calladitas
se ven más bonitas. |
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