
I. Los Arau siempre superan nuestras
peores expectativas. Tratar de dialogar
con una película como Un día
sin mexicanos/A day without a Mexican
(2004)no es imposible. Es insultante.
Dirigida por Sergio Arau (ex integrante
del grupo Botellita de Jerez e hijo de Alfonso
Arau) y por su esposa también
actriz en el filme Yareli Arizmendi,
los dos directores se aseguraron de que
su cinta no pasara inadvertida: se explota
en ella a los inmigrantes mexicanos explotados
en California.
En su mockumentary palabra construida
de mock (burla) y documentary
(documental): un docuburlal: hay que inventar
neologismos rebuscados cuando se olvidan
términos tan precisos como parodia
o sátira el director intenta
emular las estrategias utilizadas por Michael
Moore en sus documentales: entreverar temas
políticos con situaciones chuscas.
Sin embargo, y a pesar del tema central,
el trato que se le da al discurso político
no se aventura más allá de
la superficie; la comicidad de Un día
sin mexicanos no supera la mera sangronada.
Arranca la cinta con una estadounidense
joven y guapa que ha perdido misteriosamente
a su Latin Lover (Eduardo Palomo). Ahí
surgen los primeros estereotipos: el de
la Gringa Boba y el del Salvaje Sexy. Y
no cesan durante toda la película,
pareciera que Arau basó su docuburlal
en las caricaturas de Speedy González,
la película The Three amigos (en
la que actúa su padre Alfonso) y
en Los gringos también lloran.
La intención aparente del director
es mostrar la importancia negada a cientos
de miles de trabajadores indocumentados
que residen en California utilizando el
refrán: Nadie sabe lo que tiene
hasta que lo ve perdido. En 1997 Sergio
Arau lo hizo en un cortometraje del mismo
nombre, y en 2004 lo estiró aún
más hasta
convertirlo en algo similar a una fresa
agigantada artificialmente: hueca e insípida.
Los mexicanos que viven en California han
desaparecido tras una niebla misteriosa.
¿Quiénes
esos millones de desaparecidos?.