Un compendio de anécdotas de excentricidades gringas y una extensa guía para ser un metrosexual perfecto, refinado y auténtico.

Mario Diament, periodista argentino que ha vivido en Nueva York y Miami, hace un recuento de sus crónicas en La Nación acerca de cosas que suceden en Estados Unidos y que para él, como argentino —y supongo que a nosotros, como mexicanos—, le parecen verdaderas estupideces, para decirlo directamente. En El Hermano Mayor: crónicas norteamericanas (Sudamericana) habla de una ciudad idílica llamada Celebration, junto al Disney de Orlando. En ella se puso en marcha un reglamento más profuso que la misma Constitución en donde se especifica cómo debe ser la arquitectura del lugar y el tipo de pasto de los jardincitos que tienen al frente todas las casas gringas, hasta un código de leyes internas y métodos de educación escolar. Todas las reglas y libertades están fundadas en el principio de forjar una sociedad con los más altos estandartes de los valores del American Way of Life. Habla también de los exorbitantes precios por la renta de un departamento en la Quinta Avenida de Nueva York: 40 mil dólares al mes, y de la estúpida costumbre de los nuevos yuppies de pagar hasta 10 mil dólares por una botella de vino francés. Los bobos, catrines de entre 30 y 40 años, burgueses bohemios (de ahí el bo y bo en inglés), surgieron después de que los chicos bolsa se casaron y se volvieron aún más de hueva y de que los dinkies (double income no kids) dejaran de estar de moda. Quiere decir que una pareja era lo suficientemente cobarde como para renunciar a tener hijos y trabajar como perros los dos, nada más para tener más lana.
La Guía de estilo para el hombre moderno (emecé editores), de Michael Flocker, es como un manual de Carreño actualizado pero dirigido al nuevo papi: el metrosexual: “El hombre de la nueva camada tiene estilo, sofisticación y autoconciencia; exhibe intereses y gustos diversos”. Se describe cómo debe actuar el metrosexual en cada situación y cómo debe arreglarse para proyectarse en una sociedad lista para adorarlo. Hay dibujos que muestran, por ejemplo, cómo no debe chasquear los dedos para llamar al mesero, sino hacerlo con un suave movimiento de la mano.
El metrosexual sabe que en los museos no debe jamás tocar una escultura ni acercarse demasiado, sino mantenerse a una distancia prudente de las pinturas. Eso en cuanto a la buena educación del metrosexual que ama el arte y la cultura.
Algunos de los muchos temas que también se tratan son: museos y colecciones de arte, vinos y cocteles, cenar fuera de casa, cuerpo y estado físico, sexo y romanticismo, decoración de interiores y la mentalidad del metrosexual. Algunos metrosexuales de la farándula son David Beckham, George Clooney, Lenny Kravitz y hasta el mismísimo Schwarzenegger. De México no tengo ni idea de quién esté considerado como un metrosexual. Creo que yo no conozco a ninguno.

 

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Ely Guerra: "Me gusta que haya un personaje como Marcos, al pendiente de nuestros indigenas..." Como dice el machista pero sabio consejo: Calladitas se ven más bonitas.