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A
pesar del fracaso de las economías
planificadas esto es, del socialismo
real y de la profusión de testimonios
e informes sobre su naturaleza totalitaria
y criminal, aún proliferan en el mundo
los seguidores de la idea del Estado proletario
y de los ideales de un deslavado Che Guevara
más mítico que real....
La clase obrera va al paraíso
Revolución: rotación completa
de un móvil alrededor de su eje. Vuelta
al punto de partida. O, como resume la sentencia
de Giuseppe Tomasi de Lampedusa en El gatopardo:
Que todo cambie para que todo siga igual.
¿Qué permanece hoy del poderoso
y arrogante super-Estado que nació
de la Revolución de Octubre de 1917?
¿Qué de la república
surgida de las revueltas campesinas, obreras
y militares de 1910?1 ¿En qué
se ha convertido, en los comienzos del siglo
XXI, el gigante comunista trazado por el Gran
Timonel durante la Larga y penosa
Marcha?2 ¿Dónde está
el Hombre Nuevo que concibieron el Che Guevara
y Fidel Castro hace más de cuatro décadas?
¿Cómo pudo desvanecerse tan
fugazmente la revolución de los gallardos
comandantes sandinistas, a los pocos años
de su alardeado triunfo? ¿Era necesaria
la inmolación de casi dos millones
de personas antes de emprender la construcción
del incontaminado paraíso comunista
en Camboya?3 En suma: ¿por qué
todos los Estados socialistas sin excepción
traicionaron los ideales de liberación
y progreso que los animaron y, en cambio,
dieron origen a las dictaduras más
totales, crueles e incompetentes de la historia?
En La gran mascarada Jean-François
Revel afirma que no se trata de una traición
o perversión de los ideales marxistas,
sino que la vocación y tentación
totalitaria y criminógena es consustancial
en ellos: el comunismo y el nazismo tienen
más rasgos en común de lo que
quiere aceptar una izquierda anacrónica
y largamente afectada de miopía: la
imposición de una ideología
única y excluyente, el monopolio de
la economía y de la política,
el control de los medios, del arte y la cultura
y de la vida privada, así como la eliminación,
la represión y el hostigamiento sistemáticos
de los disidentes, los diferentes, los apáticos
y los indecisos.4 Las cien millones de muertes
o más causadas por purgas,
asesinatos y ejecuciones en masa, genocidios,
deportaciones y hambrunas deliberadamente
provocadas en las naciones que ensayaron sus
propias versiones del marxismo-leninismo en
el siglo xx o que les fueron impuestas
son la razón más contundente
para dejar en claro que el comunismo, lejos
de encarnar los deseos y las aspiraciones
del pueblo, ha sido más bien su explotador
y verdugo más eficiente.
Podrá argüirse que el llamado
capitalismo salvaje es el sistema
más irracional, rapaz e injusto que
ha surgido en la faz de la tierra. Lo es.
En las distintas variantes del capitalismo
desde sus orígenes hasta nuestros días
del Estado benefactor al neoliberalismo
la desigualdad y la injusticia han sido una
constante de ese modo de producción,
pero, ¿no se suponía que el
socialismo rompería las cadenas que
ataban a proletarios y campesinos y fundaría
una nueva sociedad basada en la fraternidad
y la justicia? (De paso, digamos que no es
lo mismo el capitalismo aplicado en los países
pobres que en los desarrollados: hay una notoria
diferencia entre Haití, Sierra Leona
y México, por ejemplo, e Islandia,
Dinamarca y Canadá.)®
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Rogelio Villarreal es director editorial de
Replicante. Es autor de Cuarenta y 20
(Moho, 2000) y de El dilema de Bukowski
(Ediciones Sin Nombre, 2004), en donde se
publicó una versión de este
texto.
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