Es muy conocida la influencia que el psicoanálisis tuvo en la obra de Salvador Dalí. Lo que no es muy conocido es que este célebre pintor estuvo muy interesado en la ciencia al grado de declarar con su particular ironía: “Los pensadores y literatos no me aportaron nada. Los científicos me dieron todo, incluso la inmortalidad del alma”. De esto trata un nuevo documental sobre este artista español.


Todavía más: en la mesa de noche del pintor antes de su muerte estaban La breve historia del tiempo de Stephen Hawking; ¿Qué es la vida? de Erwin Schrödinger y La geometría del arte y la vida de Matila Ghyka. Ninguno de estos libros puede considerarse como una opción light para conciliar el sueño en medio de un insomnio. Dalí los había leído, estaba al tanto de sus propuestas e incorporó algunas de estas reflexiones en su lenguaje pictórico e incluso hasta en el diseño de su firma.
Como parte de los festejos del centenario del nacimiento de Dalí (1904-1989) se está exhibiendo en diversas ciudades el documental Dimensión Dalí sobre la pasión que el pintor catalán tuvo por la ciencia durante toda su vida. La cinta fue coproducida por Mediapro, el Institut Ramon Llull, Televisió de Catalunya y la Fundación Gala-Salvador Dalí.
El productor Joan Úbeda y la realizadora Susi Marquès muestran a un Dalí poco conocido por el gran público. La música de Juan Sebastián Bach sirve de hilo conductor al relato del documental. Al ver las imágenes de Dalí mezcladas con formulaciones matemáticas y la música de Bach como fondo, brinca inmediatamente la referencia de Una eterna trenza dorada de Douglas Hofstadter, aunque pareciera que la obra de Dalí no tiene mucho en común con la de Escher. Dimensión Dalí muestra que detrás de este imaginativo pintor había un lector informado de las teorías científicas de su tiempo, que poco tenía que ver con el estrafalario que presidía fastuosos banquetes en “su” hotel de Nueva York con los vips del planeta. Un Salvador Dalí que conocía y discutía con fundamentos los avances científicos de su tiempo como la teoría de la relatividad, la física cuántica, el descubrimiento del adn y el nacimiento de la genética. Un polémico artista que se despojaba de sus excentricidades para conversar sobre la relatividad del tiempo con el científico belga Ilya Prigogine, ganador del premio Nobel de Química en 1977 y obsesionado, como Dalí, con ese tema. Los imaginarios lectores han de recordar los singulares relojes blandos en varios de sus cuadros. Un polemista nato que se distanció y enfrentó con casi todos sus colegas, pero que llevó una amistad duradera con varios científicos de ligas mayores como los premios Nobel James Watson, Prigogine o su compatriota Severo Ochoa. Incluso en el documental se muestra que el pintor de los bigotes retorcidos pidió a sus amigos científicos Ilya Prigogine y el francés René Thom que reconciliaran sus diferencias científicas “en el nombre de Schrödinger”. El propio Prigogine cuenta en la cinta que nunca entendió por qué Dalí invocó el nombre de Schrödinger en este caso. Parece que el pintor se sentía un tanto culpable porque la polémica entre Prigogine y Thom había tenido lugar en una reunión organizada por el propio Dalí en el museo de Figueres. Los asistentes —científicos en su mayoría— discutieron sobre el tema del tiempo y su representación en diversos lenguajes. Dalí ya estaba muy enfermo, pero siguió la reunión desde su habitación por medio de circuito cerrado de televisión.
Otro de los grandes de la ciencia del siglo xx, James Watson, cuenta en Dimensión Dalí que le pidió al pintor que ilustrara La doble hélice, el libro en que narra el descubrimiento del adn. Watson explica que pensó que no había mejor artista para ilustrar el tema que él. Varias veces se reunieron, pero lamentablemente el proyecto no prosperó.
Dimensión Dalí es el cuidadoso resultado de dos años de trabajo y más de 200 mil euros. Cuenta con muchas imágenes inéditas y resuelve con inteligencia, creatividad y buen oficio el enorme reto de combinar la ciencia y el arte. Al igual que lo hizo Dalí. ®

 

Busca la edición impresa en librerías, locales cerrados y todos los Sanborns del país.

 

*Carlos Enrique Orozco vive en Guadalajara y ha transitado entre la academia y el periodismo. Fundador de la primera maestría orientada a la difusión de la ciencia y la cultura en México. Escribe en el diario Público la columna semanal “El Cierzo” sobre temas de ciencia y cultura (elcierzo@prodigy.net.mx).

 




® 2005 Derechos Reservados. REPLICANTE es una publicación de RGRV S.A. de C.V.

 





Ely Guerra: "Me gusta que haya un personaje como Marcos, al pendiente de nuestros indigenas..." Como dice el machista pero sabio consejo: Calladitas se ven más bonitas.