Al sur de la Ciudad de México, en los linderos de las delegaciones Iztapalapa, Tláhuac y Xochimilco, líderes de paracaidistas del Frente Popular Francisco Villa (FPFV) gestionaron la edificación de una unidad habitacional que sería idéntica o muy similar a cientos o miles otras de su tipo si no fuera porque su arquitectura proclama de manera monumental su ideología. En las fachadas laterales de cuatro pisos de altura figuran los rostros de los dioses del comunismo: Marx, Engels, Lenin, Stalin, el Che y otros, revueltos con los de Villa, Zapata y Flores Magón.

Sobre la avenida Canal de Chalco se anuncia en paredes y carteles que se está en “territorio villista”, como hacen las pandillas para indicar su liderazgo en un barrio o colonia. De un lado, lo que queda de una reserva ecológica: el Vivero de Nezahualcóyotl; del otro, la unidad habitacional Francisco Villa, en el rumbo conocido como El Molino, la cual podría también llamarse Stalintlán: una villa proletaria en honor a la sinrazón y el genocidio, culto nahuatlaca a la ideología de sus autores, cuyo paisaje es una mezcla de María Candelaria, El acorazado Potemkin, La Ciudad de Dios y Cuando el destino nos alcance, que quizá hubiera podido realizar Juan Orol en algún universo paralelo.
Según fuentes no confirmadas, las licencias de construcción que se expiden en esa zona son para edificios de no más de tres pisos, porque es una zona lacustre, pero los líderes los hicieron de cuatro, y en el caso de la unidad de la Unión Popular Nueva Tenochtitlán (upnt), edificada cerca de ahí con cinco pisos, sobre la avenida Tláhuac, el suelo se ha manifestado contrarrevolucionario, hundiéndose y causando daños tan graves que tuvieron que desocuparse varios edificios (La Jornada, 24 de octubre de 2001). Esos pisos adicionales a los que tolera el suelo benefician a las familias que los habitan (mientras no se fracturen los edificios) y también a los líderes que reciben cuotas por ello. Ojalá que Stalintlán, por el bien de sus habitantes, no sufra similar daño, pero lo más seguro es que el suelo vaya a conspirar en su contra.
El modus operandi de los líderes consiste en reunir a muchas familias sin vivienda, organizarlos para que una noche invadan una propiedad privada, una zona de alto riesgo (sobre minas, por ejemplo) o una reserva ecológica, y levanten una ciudad perdida. Luego, gestionar ante las autoridades la provisión de servicios y créditos para vivienda, previo cobro de “cooperación” a las bases y su movilización para “marchas” y mítines. En el “territorio villista”, en las paredes de los cuarteles de los operadores de la organización y en varios muros, se anuncia el ofrecimiento de vivienda para quien lo solicite: “El Frente Popular Francisco Villa construirá 400 departamentos con crédito del invi... Intégrate al proyecto de vivienda”.
Según se informó en la revista Contenido (octubre de 2004), en un reportaje que trata sobre el fpfv, esta organización de filiación perredista agrupa a 21 mil familias en la Ciudad de México y a 9 mil más en otras ciudades. Uno de sus líderes fundadores, Alejandro López Villanueva, alias el Grandote, manifestó que “hay compañeros encargados de buscar todo el tiempo terrenos susceptibles. Si el predio es de un particular, se le presiona para comprárselo; si es del gobierno, se presiona para obligarlos a negociar”. El primer permiso para construir 170 viviendas se los entregó, ni más ni menos, el actual secretario de Seguridad Pública del Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, cuando era secretario de Gobierno de Manuel Camacho Solís en 1989, quien les dio “las primeras legalizaciones de terrenos invadidos”. Como sabemos, Camacho era entonces el jefe del Departamento de Distrito Federal con Carlos Salinas de Gortari y hoy es diputado del Partido de la Revolución Democrática. ®

 

 

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Ely Guerra: "Me gusta que haya un personaje como Marcos, al pendiente de nuestros indigenas..." Como dice el machista pero sabio consejo: Calladitas se ven más bonitas.