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Replicantes integrados
Estimado Rogelio,
“El sofista no es mejor que el tirano.” La frase de Alain Badiou me viene a la mente luego de leer “Las falacias de los apocalípticos”, de Héctor Villarreal, artículo aparecido en el no. 16 de Replicante. Mis diferencias con las posiciones políticas de la revista son abismales, pero eso es natural: me ocurre lo mismo con la totalidad de las publicaciones culturales con contenidos políticos editadas en el país, desde el momento en que sólo admiten la discusión dentro del horizonte del demoliberalismo o, para llamarle de un modo más preciso, capital-parlamentarismo. Así, pasemos a algo más concreto.
Villarreal asume una taxonomía, tomada de Umberto Eco, que divide a los individuos, en función de su actitud respecto a la cultura de masas, en apocalípticos e integrados. Esta oposición, que sirvió a Eco para intervenir polémicamente en un debate de los años sesenta, no sólo obvia las transformaciones en el campo mediático en las últimas cuatro décadas, sino que pertenece al mismo campo semántico que el texto denuncia, establecido por la dicotomía entre buenos y malos, entre personas decentes y mataviejitas. Una frase del texto es casi una denuncia de sus propios procedimientos: “El estilo de los apocalípticos es espectacular o, válgase la expresión, espectacularista. Está sobrecargado de superlativos, generalizaciones y adjetivos, de neologismos y recursos retóricos huecos”. Basta con leer cualquier parte del artículo para comprobarlo, pero habría que añadir, tomando prestado un término de Juan José Saer, la “sintaxis renga”.

La estatura intelectual de un texto como éste no amerita discusión: sus sofismas se refutan solos. Pero es inevitable hacer una deducción elemental: dado que el autor hace suya la taxonomía de Eco, y en vista de que todos sus dardos están dirigidos a los apocalípticos (cuyos únicos representantes son, para él, convenientemente, Ignacio Ramonet y Paul Virilio), resulta sencillo establecer el lugar de la enunciación: Villarreal es un integrado, cuya realidad concreta es la de “aquellos que no disienten”, para usar los términos de su socorrido Eco.

“Las falacias de los apocalípticos” es menos un ejercicio crítico que un síntoma. He ahí lo incómodo del tono que impera en Replicante, Rogelio, tan semejante, ay, al de La Crónica de Hoy. La revista parece articulada alrededor de una obsesión cuyos perfiles se ajustan mejor a la superficie del diván que a los espacios de reflexión política: el significante López Obrador. En vista de que las bestias negras de la revista coinciden con las de quienes detentan los poderes (fácticos e institucional) en este país y que defiende en lo esencial el espacio mediático —y por extensión la sociedad del espectáculo—, surge una pregunta: ¿Es Replicante una revista integrada? Resulta triste encontrar en ella tantos momentos que responden afirmativamente.
Un saludo cordial,
—Nicolás Cabral

Respuesta de Héctor Villarreal
Estimado Rogelio:
No tengo nada qué decir respecto de cualquier texto que no presente al menos un contra-argumento o referencia a una publicación arbitrada, según el cual lo que afirmo que es falaz no lo sea (de acuerdo con Platón, los sofismas no se refutan solos). Menos tendría qué decir de los que sólo expresen consignas ideológicas.
—Héctor Villarreal
(Disculpen que escriba tanto “que” consecutivo).

Respuesta de Replicante
Estimado Nicolás:
Agradecemos que nos compartas tu opinión. El artículo de Héctor Villarreal no tiene la pretensión de expresar el punto de vista de la revista. En ese mismo número hay varios textos que manifiestan ideas o referencias a evidencias que podrían contradecir lo que afirma Héctor en su artículo, como el de Naief Yehya. Ni siquiera puede sostenerse que el Editorial tenga una inclinación “integrada”. ¿Los leíste?

Quienes hacemos y colaboramos en Replicante tenemos diversas posturas políticas que en alguna medida se vierten en los distintos contenidos y que, por supuesto, defendemos en el ejercicio de nuestra libertad de expresión. La actitud más cómoda, como medio, sería adoptar el falso discurso de la “neutralidad”, o la vía de lo políticamente correcto produciendo una publicación tibia y aséptica —como hay tantas. En lugar de eso preferimos arriesgarnos y abrir espacios de debate y de disenso, como el que le damos a tu carta y como el que le hemos dado a cientos de textos publicados a lo largo de cuatro años que muestran un espectro mucho más variado en temáticas y perspectivas de lo que tu lectura alcanza a ver de la revista o tu ideología te permite reconocer.

Nicolás, lo que quizá te resulta difícil aceptar es que al poner en la mesa de las discusiones las mil y una posibilidades de análisis de fenómenos como el aparato reaccionario, de génesis priista (es decir, nacionalista revolucionario y estalinista), de la fracción de “izquierda” que simpatiza con López Obrador —lo que parece tu “lugar de enunciación”—, ejercemos la plenitud de la sustancia del intelectual: la crítica contra todo lo establecido. Un ejercicio que evidentemente no caracteriza a la gran mayoría de sus seguidores, esto es, el cuestionamiento del orden teocrático del cacique del PRD —quien, por cierto, gusta de dividir al mundo en “pueblo bueno” y “traidores a la patria”.

Al parecer eso es lo que te molesta y te impide ver la equidistancia que Replicante guarda respecto del poder de cualquier signo, así como que las discusiones abandonen el cerco provincial de algunos medios, matizados invariablemente por el epíteto y el ataque personal.

El fondo del asunto de tus líneas no es más que el deseo de alinearnos con los traidores a la patria por el hecho de criticar —y desnudar— a tu significante López Obrador, lo cual evoca los procedimientos estalinistas (mandar al psiquiatra al disidente; enviar a los críticos a engrosar las filas del enemigo con el argumento de que resultan ser sus “aliados objetivos”, por ejemplo).

Muchos de quienes hacemos Replicante preferimos lo que llamas “capital-parlamentarismo” al pri-pejismo, que es una expresión más del viejo control corporativo de las masas y los medios de comunicación a favor del caudillo y sus caciques, con mecanismos clientelares y patrimonialistas. Aquél, sin duda, es menos malo. Un abrazo.
—Rogelio Villarreal

Respuesta de José Ramón López Rubí Calderón
A propósito de la carta de Nicolás Cabral

1) Nicolás Cabral envía una carta a Replicante. Gracias. Informa que le desagrada un texto de Héctor Villarreal (“Las falacias de los apocalípticos”, Replicante 16). Bien. Pero no lo refuta. Jamás. Sólo pretende, “diciéndolo”, hacer parecer que el texto en cuestión se vuelve contra sí mismo. Fracasa. Aun más: en la carta de Cabral no hay un solo argumento, sobre el punto que sea, que la sustente o haga válida. Fracasó.

2) Cabral acusa a Villarreal de encerrarse en una taxonomía de Umberto Eco (sobre la actitud respecto a la cultura de masas y “de los sesenta”. NC) y de obviar, por tanto, “las transformaciones en el campo mediático en las últimas cuatro décadas” (NC). Pero, sorprendentemente, eso es lo que hace Cabral para llegar, convenientemente, a la pregunta: “¿Es Replicante una revista integrada?” (NC). Usa sin justificación ni sentido crítico-analítico (de hecho, aprovecha tramposamente) la misma clasificación para cuestionar —gratuitamente, entonces— toda una revista a partir de un texto, dejando a un lado los matices todos resultantes de los cambios en el mundo(s) de los medios y que, algunos, serían tanto editorialmente verificables en como interpretativamente aplicables a Replicante. Villarreal operacionaliza una categoría de Eco (“los apocalípticos”) que, sin duda, sigue vigente, pues sus contenidos tienen correspondencia empírica con actores de hoy: precisamente es lo que muestra el texto, recogiendo ejemplos de una realidad que el de la carta no desmiente, ni puede desmentir. Lo que hace Cabral es otra cosa: instrumentalizar el par categorial de Eco, como el todo en el que se encerró solo, forzando conclusiones generales a partir de él. Por supuesto, en ello, en este “trabajo” de Cabral, de (buena) lógica nada hay en realidad. La pregunta del director editorial de la revista La Tempestad no es un producto lógico real (mi referencia es a un pensamiento lógico conectado con los hechos y el contexto) sino una simple manipulación.

El uso de las categorías de Eco es perfectamente posible y válido. Problema sería hacerlo como si hoy fuesen las dos únicas opciones o casilleros existentes, como si no existiesen algunas otras intermedias, como si se debiese usar el par sin más, a rajatabla, siempre y en todo lugar y en aislamiento. Villarreal no presenta este problema(s); Cabral se metió en él. De ahí que erróneamente implique que si se critica a “apocalípticos” es, y sólo puede ser, porque se es “integrado”. Acaso le pese a Cabral, o no caiga en la cuenta siquiera, pero se puede criticar a unos o a otros y no ser su antónimo por ello. Si no nos limitamos a la cultura de masas como realidad a tratar, encontramos que se puede ser, por ejemplo, un crítico no apocalíptico (no todo es malo en sí, mucho menos sólo porque sí; y quien diga que todo es malo que también diga cómo conseguimos todo lo que es bueno o dice que lo es) o un realista inconforme (reconoce que la realidad es como es, la entiende, pero no la aprecia, no la acepta ni resignado ni gustoso), o un inconforme realista (la realidad no le agrada ni le satisface pero sabe que no puede desaparecerla a golpe de deseos o modificarla a su antojo, por lo que la asume enfrentándola en la medida de sus posibilidades).

3) Cabral ve en el texto de Villarreal, entre otras cosas, generalizaciones. ¿Sí? No. El que generaliza es Cabral. Y de la peor forma, la más desafortunada (y extraña). Desde su lectura de un texto llega a un juicio total (me atengo a su literalidad) sobre Replicante, su pasado y su presente: “parece articulada alrededor de una obsesión” (NC), “el significante López Obrador” (NC). Craso error. ¿Mala intención? ¿Y dónde dejó Cabral 17 números con decenas (o cientos) de colaboradores y temas? Si la revista le “parece” “obsesionada” con AMLO, el problema está en su mirada, que no es aguda ni fina (o no quiere serlo). Y en su memoria. De cualquier forma, como él mismo apunta, es su parecer; es sólo un parecer, y el de alguien que no está argumentando, un parecer que no tiene sustento más allá de la sentencia de que sus “diferencias con las posiciones políticas de la revista son abismales” (NC) (¿y qué?).

4) El “significante” López Obrador. Se le critica, sí. ¿Y? ¿Por qué no? ¿Qué hay de malo en ello? ¿Acaso no se ha hecho con argumentos (en Replicante)? ¿Por qué no se han refutado efectivamente las críticas que se han publicado? Por lo demás, Cabral tal vez no entienda esto, manejando al Peje sólo como significante y no como significado también. De hecho, tal vez no entienda siquiera el significado real de López Obrador y su movimiento postelectoral ni el de la idea política de quienes pragmáticamente lo han rodeado —y que pragmáticamente (¡oh, poder!) él, AMLO, aceptó como consejeros y operadores principales. Cabral haría bien en leer bien lo que no le gusta (si puede). (¿Gente como Roger Bartra y Luis González de Alba nada dice, dice nada?) ¿Cabral acepta la consigna antiintelectual y autoritaria de que no hay que criticar, sin importar qué, a la (en este caso, supuesta) izquierda para no “hacerle el juego a la derecha”? Para él, sin más, ¿los enemigos de sus enemigos son sus amigos? ¿O el fin (cualquiera) justifica (todos) los medios? ¿Acaso no cree que haya que criticar públicamente todo lo que ocurre y se discurre en la esfera pública, más allá de sobornos del (dis)gusto a priori y en atención a las evidencias (algo plenamente posible, por cierto)?

5) ¿Es Replicante una revista “integrada”? Esta pregunta de Cabral no la tengo por honesta o sincera (ni siquiera justificada). En fin. Obviamente, con la palabra “integrada” Cabral no está haciendo referencia al ámbito de la cultura de masas. Y trasciende los años sesenta como espacio temporal. (Bien. La realidad de esa década no es la misma que la de hoy). Entonces, ¿integrada a qué? ¿A la globalización neoliberal y su cultura consumista? ¿La Tempestad lo estaría por incluir (mucha) publicidad de corporaciones mexicanas y extranjeras, de empresas transnacionales? ¿Integrada al “sistema” en México, entendido en este caso como la suma del gobierno (federal) y los factores reales de poder? ¿La Tempestad tiene que ser vista como “integrada” por tener publicidad del gobierno de Felipe Calderón? ¿Replicante por albergar críticas a López Obrador? Sólo un tonto, un ofuscado o un izquierdista derechizado (existen; por rumbos mexicanos no son pocos ya) se atrevería a afirmar algo así. Que AMLO tenga como adversarios, o enemigos, a “los de la derecha” no le quita lo criticable ni lleva a la conclusión de que no debe ser criticado. Y sólo los autoritarios y los débiles de pensamiento (y los grillos) igualan a dos no iguales por criticar a un mismo tercero. ¡Cuán conservador o ciego o deshonesto hay que ser para afirmar que las izquierdas no necesitan ni deben ser criticadas y que quienes las critican (todos, cualquiera) tienen que ser de derecha!

Como sea, permítaseme recordar que en las páginas de Replicante quien esto escribe ha criticado con argumentos a la ultraderecha, al secretario de Hacienda Carstens, al neoliberalismo, al PRI y al PAN, así como al obradorismo postelectoral, abundante en evidentes manipulaciones, simplificaciones, incongruencias, agresiones y errores (por el análisis politológico y con razones salidas de y regresadas al diseño/contexto político-institucional, también negó, en la revista Este País, por ejemplo, que López Obrador pudiera ser un presidente “peligro para México”. Por las mismas razones tampoco habría sido el presidente que “salvara a la patria” y trajera “la alegría”. ¿Cómo podría serlo un político sin visión de Estado que además sería titular de la nueva presidencia débil, carente del control del Congreso de la Unión y las entidades federativas y rodeado de los mismos factores reales de poder? Y que en este momento estaría frente a la misma gran crisis internacional que Felipe Calderón). Hay archivos. A quien le interese todo este trabajo, que busque en ellos.

Si se busca una caracterización de Replicante, el terreno a explorar es el del realismo crítico, el de la crítica realista. Desde la pluralidad disciplinaria. ¿Cabral entenderá esto o debo explicarlo (para que no saque conclusiones caprichosas)? A ver(se).

6) Cabe preguntar: ¿a qué se debe la carta de Cabral? ¿Por qué y de dónde salió? Porque no hay mucha claridad al respecto. La crítica es bienvenida si se hace con datos y argumentos (reales, racionales). La carta en cuestión carece de ellos.

Si Cabral decide intentar (en la forma que sea) tratar estas preguntas, y las réplicas a su carta aquí vertidas, que desde ya cuente con que obtendrá, a su vez, respuesta (porque como en una primera ocasión no argumentó, en una segunda, si la hay, seguramente no faltarán los pretextos. Y lo espuriamente escrito, y lo ignorado, en su primera oportunidad, ahí está, ahí seguirá).
—José Ramón López Rubí Calderón, director de la revista académica Estudios de Política y Sociedad y miembro de la mesa de redacción de Replicante. E-mail: joseramonlrc@gmail.com

Comentario de Roberta Garza a la carta de Cabral:
Curioso citar síntomas: eso de que las bestias negras de la revista coincidan con las de quienes detentan el poder me parece de un reduccionismo pasmoso. El que la revista haya sido crítica con quien ha buscado infructuosamente por las buenas y por las malas detentar los poderes fácticos e institucionales del país y que, en este caso, esa crítica coincida con las obvias renuencias de quienes hoy lo detentan, no significa en modo alguno que haya relación en la esencia o fuente de ambos cuestionamientos (¿o será otro compló?): el que los ojos se tengan puestos en el mismo fenómeno implica una coincidencia únicamente para el observador superficial. Una parte busca simple y llanamente eliminar a la competencia y Replicante busca evidenciar el absurdo. Absurdo del cual, por cierto, tampoco carecen los poderes en funciones. Por mi parte, no hay inconveniente alguno en que la carta se publique.
Saludos,
—Roberta Garza. E-mail: roberta@revistareplicante.com

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