La Regla Rota
La Pus Moderna
El Dilema de Bukowski




Los medios de comunicación crean la realidad, afirma Román Gubern en El eros electrónico. Esto significa que desde los mass media se modela un determinado tipo de percepción, lo que a su vez crea un imaginario colectivo maleable, de plastilina. Si algo o alguien sale en la tele, si lo aborda la radio, si la prensa lo persigue, luego existe y es valioso y digno de crédito, compasión o compra. Un pintor de provincia logra más aprecio público cuando la tele lo exhibe en su aparador hertziano. Un científico notable ve crecer su prestigio en función de la cobertura audiovisual. Un poeta alcanza mayor reconocimiento cuando la tele lo saca de su invisibilidad. La pobreza de un barrio o la discapacidad de un anciano empiezan a parecer reales cuando las cámaras les hacen un poco de calorcito. Lamentablemente esos personajes y esos temas no son la prioridad cotidiana de los medios y, por tanto, los pintores son recordados sólo cuando el millonario Botero se presenta cerca de nosotros, o los científicos son tomados en cuenta cuando el doctor Molina obtiene el premio Nobel, o los poetas vienen a colación porque murió Jaime Sabines. La escala de lo valioso y de lo no valioso es manejada a capricho por los medios. Es valioso un goleador enamoradizo y conflictivo, es valioso un político mocho e impertinente, es valiosa una cantante/tratante de blancas, es valiosa una locutora mitotera y chafa, es valioso un mercenario niño con credencial del insen. Es valioso lo que sale en la tele, lo que alcanza a figurar en el hit parade de la importancia audiovisual. Todo este choro para aterrizar, precisamente, en lo deplorable que es ver en la pantalla casera dos o tres reality shows donde el sueño de los jóvenes es convertirse en estrellas de la farándula. Lo triste no es tanto que diez muchachos entren en una competencia donde mostrarán que saben cantar y bailar bien bonito, cuanto que ese juego adquiera relevancia nacional y sirva para modelar los apetitos profesionales de millones en todo el país. Empezamos a padecer, por obra de esos programas, a una horda de jóvenes que en vez de aspirar a médicos, arquitectos, ingenieros, escultores, poetas, investigadores, astronautas, bomberos, etc., deseen prepararse para ser ídolos de migajón y brindar espectáculos en estadios y palenques. Todas quieren ser Thalía, todos quieren ser Luis Miguel. Ensayan como locos, cantan y se retuercen, las mujeres se contonean sexosamente, los hombres aprenden la gestualidad y el desplazamiento desvirilizados que tanto éxito tienen desde que Juanga se desgañitaba para señalar que no tenía dinero ni nada que dar y lo único que tenía era, pobrecito, amor para dar. Los medios diseñan la realidad. Hoy puede afirmarse, no sin pavor, que un fantasma recorre México: el fantasma de Luis de Llano. La garibaldización del país es inminente. —Jaime Muñoz Vargas .


 


 

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Arrancaban los años noventa y el LUCC estaba en su apogeo. La Polla Records visitó la Ciudad y dió un delirante concierto en dicho lugar, en el que hasta las paredes sudaron. Entonces el Mosh no sabía nada de huelgas universitarias y se dedicaba a gritar con su grupo Atoxxxico. En la foto hace lo propio con Evaristo, cantante de La Polla.
R.V.

Foto©Horacio Rivera.