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El derecho a dejar el plano vacío (o muy
lleno). El derecho a pintar de azul todas las cosas
(o de rojo o amarillo). El derecho a lanzar líneas
por todos los rincones. El derecho
a ignorar a Duchamp (para quien pueda).
El derecho a insistir sobre lo mismo. El derecho
a no ser ni heroico ni sublime (o a serlo sin vergüenza).
El derecho a no convertir las actitudes en forma.
El derecho a banalizarlo todo (o a darle
una importancia desmedida a cualquier cosa). El
derecho a respetar la tradición (si la hubiere).
El derecho a no usar de fotografía
(ni de video ni de instalaciones). El
derecho a gustar de Botero (o de quienquieraquesea
que a uno le guste). El derecho a no ser articulado
ni brillante ni propositivo (o a serlo sin descanso).
El derecho a copiar o a ser original (para el que
pueda). El derecho de todo artista a abandonar cualquier
estilo, incluso el propio, y a regresar a su estilo.
El derecho a no tomarse en serio
(o a tomarse muy en serio). El derecho de todo artista
a no ser objeto de injerencias arbitrarias en su
obra, su carrera o su mercado, ni de ataques a su
prestigio o reputación (si los hubiere).
El derecho a hacer una obra aburrida (o muy divertida,
para el que pueda). El derecho
a creer que la forma es contenido (y
que el contenido es forma). El derecho al lirismo,
a la epopeya, al ditirambo (o a todo lo contrario).
El derecho a trabajar pensando en nadie (o a dirigirse
a las masas, al mercado o a cualquier cosa a la
que uno se quiera dirigir). El
derecho a hacer arte por el arte (o realismo,
para el que quiera aún). El derecho a creer
que menos es más (o que más es mucho
más). El derecho a la inocencia,
a la sofisticación, a la fantasía
pueril, a lo perverso. El derecho a dejarse
influir (o a ejercer influencia, para el que pueda).
El derecho al localismo, al cosmopolitismo,
a lo particular y cerrado, a lo universal y cósmico.
El derecho a hacer una obra fría, distanciada
(o muy comprometida y cálida). El derecho
a ser muy oportuno y circunstancial, a tener un
agudo sentido del timing (o a pasar de todo, excepto
del arte y de uno mismo). El derecho
a perpetrar el buen gusto (u otro, muy
malo). El derecho a cantar cantos de cisne.®
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Flavio Garciandía (Caibarién, Cuba,
1954), pintor, radica en Monterrey. E-mail: fgarciandia@hotmail.com.
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